Asia y África
No es casualidad que la primera vez que el cannabis es citado en un documento escrito haya sido en una de las cunas de la revolución agrícola del Neolítico: China. Aparece en un texto escrito hacia el año 2737 antes de Cristo (A.C.) y atribuído al legendario emperador Shen Nung. Este texto, junto con otros muchos, sirvió como base para la elaboración del Pent Tsao Ching en el siglo I (hacia el año 30 A.C.). El volumen en cuestión es un tratado de farmacología, y el cannabis se recomienda para combatir la “debilidad femenina, gripe, gota, reuma, malaria y desmayos”.
El Nei Ching, la obra más antigua de la literatura médica china, explica los usos terapéuticos de diversas partes de la planta como las flores, las semillas y la resina. La civilización china proporcionó a la humanidad varios inventos revolucionarios: uno de ellos es el papel. Según la tradición, su inventor fue Ts'ai Lun, en la provincia de Human hacia el siglo I después de Cristo, y la mayoría de papel chino de esta época se hacía con fibra y corteza de cáñamo.
Otra de las zonas donde más antiguamente se puede atestiguar la presencia del cáñamo es al el subcontinente Indio, desde el Himalaya al Índico, y de manera especial en las cuencas del Ganges (todo el norte de la actual India y los estados vecinos) y del Indo (el Pakistán moderno). Los restos más antiguos de fibras de cáñamo hallados en esta zona se remontan al siglo XV A.C. Se cita una bebida hecha a base de jugo de cáñamo como la favorita del dios guerrero Indra, un nombre mítico que se identifica con los invasores sánscritos que llegaron a la India durante el siglo XVII A.C. Los nombres de la planta en sánscrito eran charas y bhang (de una palabra que significa “cambiar la rutina sensorial”. Aquí el cannabis aparece relacionado con las religiones que nacieron en esta zona. El hinduismo ya cita al cáñamo en los Veda, más concretamente en el cuarto (Atharva Veda). La tradición brahmánica afirma que consumirlo “agiliza la mente y otorga salud”, además de atribuirle propiedades afrodisiacas. También la religión budista aprovechaba las cualidades del cáñamo como auxiliar para la meditación, especialmente las ramas hinayana y mahayana, así como los cultos tántricos.
Rápidamente el cannabis se extiende a través de Persia por los pueblos semitas de las civilizaciones mesopotámicas, (los actuales Siria e Irak junto con zonas del sudeste de Turquía), y de ahí pasa a los diversos pueblos cananeos de Oriente Medio (los modernos Israel, Jordania y Líbano) y al Asia Menor (Turquía). En Mesopotamia está documentado su uso por los asirios, así como por los caldeos. En el actual Irán lo consumían los persas. Entre los pueblos cananeos, se puede destacar que La Biblia, lo cita, entre otros libros, en El cantar de los cantares, un poema de corte erótico atribuido al rey Salomón donde se lo alaba bajo el nombre de kalamo. Hasta la época de la diáspora judía, ya en el siglo II de la era cristiana, era fumado en las singogas, y ha llegado hasta nuestros días como producto popular en pueblos como el libanés, que lo heredó de sus antepasados fenicios.
El cannabis también llegó a Egipto ya en los tiempos del Imperio Antiguo (a partir del siglo XXIII A.C.), y los egipcios, al igual que los fenicios, exportaron cannabis por todo el Mediterráneo. En la zona del Sinaí está documentado el consumo de una bebida hecha a partir del cáñamo llamada suama.
En el Asia Central (Turkmenistán, Uzbekistán, Afganistán, etc.) el cannabis fue muy bien acogido por los pueblso nativos, que ya lo conocían desde bien antiguo. Destaca el caso de los escitas, un pueblo de jinetes nómadas que conoció su apogeo entre los siglos V y III A.C. El historiador griego Heródoto cita con mucha precisión cómo los escitas se intoxicaban inhalando el humo que producían al quemar grandes piedras de hachís sobre brasas.